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Exploración de rodilla por un traumatólogo con artrosis
Traumatología

Artrosis de rodilla: síntomas, grados y tratamientos sin cirugía

La artrosis de rodilla afecta a millones de personas, pero en la mayoría de casos es posible controlar el dolor y mantener la función sin llegar al quirófano.

9 min de lecturaActualizado el 29 de mayo de 2026
Revisado por Dr. Lautaro Candioti Benassi, Traumatólogo · Medicina del deporteActualizado el 29 de mayo de 2026

En resumen

El ejercicio de fuerza y el control del peso son la primera línea de tratamiento recomendada por las guías internacionales; la cirugía solo se plantea en grado IV con dolor incapacitante.

La gonartrosis o artrosis de rodilla es la enfermedad articular más prevalente en adultos mayores de 50 años y una de las principales causas de dolor crónico y limitación funcional. Consiste en el desgaste progresivo del cartílago que recubre los extremos óseos de la articulación, lo que genera rozamiento, inflamación y, con el tiempo, cambios en el hueso subyacente.

A pesar de su frecuencia, existe todavía mucha confusión sobre qué grado implica qué tratamiento y cuándo es realmente necesaria una operación. La buena noticia es que la mayoría de las personas con gonartrosis pueden llevar una vida activa y con dolor bien controlado gracias a medidas conservadoras.

Este artículo explica qué es la artrosis de rodilla, cómo se clasifica, por qué produce dolor y qué opciones existen antes de plantearse una prótesis. La información aquí recogida tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración médica individualizada.

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Qué es la gonartrosis

El cartílago articular actúa como un amortiguador que distribuye las cargas y permite que los huesos se deslicen sin fricción. En la artrosis, este tejido se fisura, adelgaza y, en casos avanzados, desaparece en ciertas zonas, dejando el hueso expuesto.

El proceso no es puramente mecánico: existe también un componente inflamatorio de bajo grado que contribuye al dolor y a la rigidez. La articulación responde produciendo líquido sinovial en exceso (derrame) y formando espolones óseos llamados osteofitos.

La rodilla es la articulación más afectada por la artrosis, seguida de la cadera y las manos. En la rodilla puede afectar al compartimento interno (más frecuente), externo o a la rótula.

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Síntomas principales

El dolor de la artrosis es típicamente mecánico: empeora con el movimiento y mejora con el reposo. Sin embargo, en fases avanzadas puede aparecer también en reposo o por la noche.

Otros síntomas característicos son la rigidez matinal de corta duración (habitualmente menos de 30 minutos, lo que ayuda a diferenciarla de las artritis inflamatorias), la crepitación o crujidos al mover la rodilla, la sensación de inestabilidad y el derrame articular intermitente.

  • Dolor al bajar escaleras o rampa (carga excéntrica del cuádriceps).
  • Rigidez tras períodos de inactividad (sentarse, conducir).
  • Inflamación visible o sensación de rodilla hinchada.
  • Dificultad para extender o flexionar completamente la rodilla.
  • Fatiga muscular precoz al caminar distancias moderadas.
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Grados I-IV (Kellgren-Lawrence)

La clasificación radiológica más utilizada es la de Kellgren-Lawrence, que asigna un grado del I al IV según los hallazgos en la radiografía simple. Es importante recordar que no siempre existe correlación entre el grado radiológico y la intensidad del dolor percibido.

Clasificación radiológica de la gonartrosis (Kellgren-Lawrence)
GradoHallazgos radiológicosImplicaciones clínicas
I — DudosoPosible estrechamiento del espacio articular; dudoso osteofitoSíntomas mínimos o ausentes; actuación preventiva
II — LeveOsteofitos definidos; leve reducción del espacioDolor ocasional; tratamiento conservador de primera línea
III — ModeradoOsteofitos múltiples; reducción moderada del espacio; esclerosis subcondralDolor más frecuente; tratamiento conservador intensificado
IV — GraveGran reducción o desaparición del espacio; deformidad óseaDolor incapacitante; puede valorarse prótesis
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Por qué duele la rodilla con artrosis

El cartílago en sí no tiene terminaciones nerviosas, así que el dolor no procede directamente de su desgaste. Las fuentes principales son el hueso subcondral (muy inervado), la sinovial inflamada, la cápsula articular distendida por el derrame y la musculatura periarticular sobrecargada.

La inflamación sinovial de bajo grado libera citocinas que sensibilizan los nociceptores, lo que explica por qué en algunos pacientes el dolor parece desproporcionado respecto al grado radiológico. Este componente inflamatorio es también el objetivo de muchos tratamientos.

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Tratamientos conservadores

Las guías de la OARSI (Osteoarthritis Research Society International) y la EULAR sitúan el ejercicio de fortalecimiento muscular y el control del peso como la intervención de mayor evidencia y el primer escalón terapéutico, independientemente del grado.

El cuádriceps es el músculo más importante: su debilidad aumenta la carga sobre el cartílago y agrava el dolor. Programas de ejercicio progresivo, tanto en tierra como en agua, han demostrado reducir el dolor y mejorar la función de forma comparable a los antiinflamatorios.

La fisioterapia añade movilización articular, técnicas de descarga y trabajo propioceptivo que mejoran la estabilidad y reducen el riesgo de caídas. Las ortesis descargantes pueden ser útiles en artrosis unicompartimentales.

Primera línea: ejercicio y peso

Perder 5 kg reduce la carga sobre la rodilla en cada paso en unos 15-20 kg acumulados (efecto multiplicador). Combinado con fortalecimiento del cuádriceps, es la intervención más costo-efectiva en grados I-III.

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Infiltraciones: ácido hialurónico, corticoide y PRP

Cuando el tratamiento físico no es suficiente, las infiltraciones intraarticulares son el siguiente escalón. Los corticoides proporcionan alivio rápido del dolor en brotes inflamatorios, pero su efecto es de corta duración (4-8 semanas) y el uso repetido puede acelerar el daño cartilaginoso, por lo que se usan de forma puntual.

El ácido hialurónico (viscosuplementación) busca restaurar las propiedades viscoelásticas del líquido sinovial. Su evidencia es controvertida en revisiones recientes, aunque algunos subgrupos de pacientes responden bien, especialmente en grados II-III.

El plasma rico en plaquetas (PRP) tiene evidencia creciente en grados I-III. Aporta factores de crecimiento que modulan la inflamación y estimulan el entorno condral. Es una opción razonable cuando se busca un efecto más duradero antes de plantearse opciones quirúrgicas.

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Cuándo se plantea la prótesis de rodilla

La prótesis total de rodilla es un procedimiento de alta eficacia cuando se indica correctamente. La indicación principal es la gonartrosis grado IV con dolor incapacitante que no responde al tratamiento conservador bien realizado durante al menos 3-6 meses.

La edad biológica, el nivel de actividad, la presencia de deformidad grave y la afectación de la calidad de vida son factores que guían la decisión, más que la edad cronológica sola. En pacientes más jóvenes con afectación unicompartimental se puede valorar la osteotomía tibial antes de llegar a la prótesis.

Es fundamental que la decisión quirúrgica se tome de forma compartida, habiendo agotado antes las opciones conservadoras y con expectativas realistas sobre la recuperación (entre 3 y 6 meses para la mayoría de actividades).

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Mitos frecuentes sobre la artrosis

Uno de los mitos más extendidos es que correr causa artrosis. La evidencia actual muestra que los corredores recreativos tienen incluso menor prevalencia de artrosis que la población sedentaria; es el sedentarismo, el sobrepeso y los traumatismos previos los principales factores de riesgo modificables.

Tampoco es cierto que el crujido de rodilla sea siempre señal de artrosis. La crepitación fisiológica sin dolor ni inflamación no tiene significado patológico. Ni que la artrosis sea solo cosa de mayores: puede aparecer en personas de 40 años con factores de riesgo.

Finalmente, la artrosis no significa que haya que dejar de hacer ejercicio. Al contrario: el movimiento bien pautado es la mejor medicina disponible para esta enfermedad.

Revisado médicamente por

Dr. Lautaro Candioti Benassi

Traumatólogo · Medicina del deporte

Traumatólogo especializado en medicina del deporte, lesiones de cadera y readaptación a la actividad física.

Ver equipo

Referencias científicas

  1. [1]Bannuru RR, Osani MC, Vaysbrot EE, et al. OARSI guidelines for the non-surgical management of knee, hip, and polyarticular osteoarthritis. Osteoarthritis and Cartilage, 2019. DOI: 10.1016/j.joca.2019.06.011
  2. [2]Fransen M, McConnell S, Harmer AR, Van der Esch M, Simic M, Bennell KL. Exercise for osteoarthritis of the knee. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2015. DOI: 10.1002/14651858.CD004376.pub3
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  • No existe un tratamiento que revierta el daño cartilaginoso ya producido, pero sí es posible frenar la progresión, controlar el dolor y mantener la función con las medidas adecuadas. La cirugía protésica no es una cura sino una solución de sustitución cuando el deterioro es muy avanzado.

  • Sí. Se recomienda actividad de bajo impacto como natación, bicicleta, marcha y ejercicio de fuerza. Incluso correr puede ser adecuado en fases iniciales si se hace con progresión y calzado adecuado. El sedentarismo agrava la artrosis.

  • Depende del tipo de infiltración. Los corticoides se espacian al menos 3 meses entre sesiones para minimizar el riesgo de daño condral. El ácido hialurónico y el PRP tienen pautas distintas según el protocolo; tu traumatólogo te indicará la pauta más adecuada.

  • La progresión es variable. Hay pacientes que permanecen en grado II-III durante muchos años con buen control conservador. Los factores que más aceleran la progresión son el sobrepeso, la debilidad muscular y la inactividad.

  • La condromalacia es un ablandamiento y fisuración del cartílago, frecuentemente rotuliano, que afecta sobre todo a personas jóvenes y deportistas. La gonartrosis implica un desgaste más global de la articulación y se asocia al envejecimiento. Pueden coexistir.

  • El PRP no produce alivio inmediato como el corticoide. El efecto suele notarse entre 4 y 8 semanas tras la última sesión, con mejoría progresiva. En algunos pacientes el beneficio se mantiene 6-12 meses.

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